Mi destino ya estaba escrito cuando entre a ese internado, lo que no sabia era que en ese lugar pasaría por muchos caminos que llevaban dolor, muerte, alegría y el sentimiento mas inesperado…amor.
Poco a poco sentía como mi cuerpo se estaba quemando, cada golpeteo de mi corazón lo hacia mas doloroso, mis venas lentamente corrían por mi cuerpo, sentía que me quemaban viva, ya no lo soportaba mas, me quise mantener en silencio pero el dolor me venció, solté un grito que desgarro mi garganta.
Eso no era lo que esperaba, no pensé que acabaría así, era tanto mi dolor que no podía pensar, solo recordaba aquel suceso que me carcomía por dentro y peor aun eran esas últimas palabras que me gritaban en la conciencia: te tenemos por fin estamos completos.